Se define como el valor o estima que cada uno tiene en función de cómo se ve a sí mismo. Es muy importante porque forma parte de la persona y modela su personalidad. Claves para ayudar a los pequeños.

Qué es la autoestima

La autoestima es la diferencia entre cómo una persona se ve a sí misma y cómo le gustaría ser idealmente. Si cree que se acerca mucho a cómo desea ser, tendrá una alta autoestima, en cambio si difiere mucho, su autoestima será baja. En este sentido, es muy importante, porque forma parte de quienes somos y modela la personalidad, dirige hacia objetivos e influye en el modo de actuar.

Los patrones de autoestima comienzan muy pronto en la vida. Por ejemplo, un niño que aprende a hacer algo nuevo experimenta un sentimiento de logro que refuerza su autoestima; por ejemplo, aprender a darse la vuelta después de un montón de intentos fallidos enseña a un bebé una actitud de “puedo hacerlo”.

El concepto de éxito como consecuencia de la perseverancia empieza pronto. Cuando los niños intentan algo, fracasan, prueban de nuevo, fracasan otra vez y finalmente lo consiguen.

A su vez crean un concepto de ellos mismos basado en las interacciones con otras personas. Por eso, la implicación parental es fundamental para ayudarlos a formar percepciones de ellos mismos sanas y verdaderas.

Desarrollo emocional

El desarrollo integral de un niño implica que los padres no sólo atiendan sus necesidades materiales, sino también las emocionales: amor, cariño, atención y afecto. A veces estos aspectos se olvidan y la autoestima del niño puede resentirse.

Se sabe que la autoestima es una necesidad emocional para cualquier ser humano. Sin embargo, existe una gran diferencia entre la infancia y la etapa adulta: un adulto es consciente de sí mismo y de su identidad, por lo tanto, su bienestar depende de sí mismo y de su actitud.

En cambio, un niño está en pleno proceso de crecimiento y de formación de su personalidad; en este caso, su bienestar depende no sólo de sí mismo, sino también del entorno familiar y académico.

Cada persona, y en este caso cada niño, tiene un talento; algunos se destacan en pintura, otros en matemáticas o literatura. Frente a esto los padres deberán potenciar al pequeño en aquella actividad en la que sobresalga. De esta forma lo ayudarán a forjar su autoestima.

¿Cuándo se forma la autoestima?

La autoestima se forma incluso antes de haber nacido; si el bebé ha sido fruto de un embarazo deseado, será recibido como alguien querido e importante para sus padres lo cual le aportará seguridad desde muy temprano.

Con el tiempo se tratará de una conquista constante, en la que existen dos momentos claves:

  • En torno a los 3 años: a esta edad los niños dejan de ser bebés para ganar más autonomía. Es el momento de dejarlos que un día se pongan la camiseta del revés y salgan así a la calle, o que se olviden la mochila en casa. De esta manera, se logrará que el pequeño aprenda a hacer las tareas por sí mismo, y que en ese camino sepa que es preciso equivocarse para superarse.
  • En torno a los 8 años: el niño es capaz de hacer autorreflexión, de compararse con los demás, soportar que su hermano dibuja mejor que él o que el compañero de clase corre más rápido. En consecuencia, sentirá sufrimiento por no poder lograr esas y otras metas por sí mismo. Por ello en esta etapa es importante que los padres refuercen la atención que le dan a la autoestima de su hijo.

Por lo tanto, la autoestima fluctúa a medida que los niños crecen. Con frecuencia cambia y se reajusta, afectada por las experiencias y sus nuevas percepciones. Algunos signos de baja autoestima incluyen:

  • No animarse a probar cosas nuevas.
  • Ser autocrítico.
  • Decepcionarse fácilmente.

Por su parte, los niños con una autoestima sana suelen disfrutar al interactuar con los demás, se sienten a gusto en los encuentros sociales y disfrutan de las actividades de grupo, así como de sus intereses independientes.

Cuando surge un desafío, trabajan para encontrar soluciones y expresan su malestar sin infravalorarse a ellos o a los demás.

Cómo potenciarla una buena autoestima

La autoestima de un niño existe desde antes de nacer. Luego, cuando adquiere independencia, los padres deberán transmitirle y hacer saber el amor incondicional que sienten. Los besos, abrazos y palabras de amor nunca están de más. Es fundamental decirle (y repetirle hasta el cansancio) cuánto lo aman. Otros consejos para los padres son:

Darle atención

Es cierto que, debido a los horarios de trabajo, los padres llegan tarde a sus hogares y comparten poco tiempo con ellos. Incluso lo hacen a desgano, producto del cansancio de la jornada.

No obstante, deberán hacer un esfuerzo y dedicarles el tiempo que se merecen. No es necesario pasar muchas horas; es la atención de al menos unos minutos lo que los enriquece.

Asimismo, los niños demandan que se los escuche atentamente; quieren compartir con sus padres lo que han aprendido en el colegio, que un amigo los hizo sentir mal o que están enamorados de su compañerito/a de banco. Son pequeñas cosas que los harán sentir importantes.

Riesgos saludables

Incentivar a los niños a explorar y probar cosas nuevas es una forma de nutrir su autoestima. Aunque siempre existe la posibilidad de fracaso, sin riesgos no hay oportunidades para el éxito.

Que se equivoque

Es importante enseñarles que equivocarse o perder no está mal, que es parte de crecer, y que es necesario para crecer. Los errores son lecciones valiosas para que ganen confianza en sí mismos. Los padres deben enseñarles a desarrollar su tolerancia a la frustración y explicarles que cometer errores es algo normal en los seres humanos.

Establecer límites

Procurar que las normas y reglas se cumplan; la constancia y disciplina forman un carácter seguro.

Celebrar logros

Cuando el niño aprende a leer, escribe su nombre o ayuda en las tareas de la casa existen sobrados motivos para felicitarlo. El pequeño tendrá la sensación de haber logrado algo y su autoestima se fortalecerá.

Evitar las comparaciones

Nunca deberá compararse al niño con alguno de sus hermanos o amigos. Ello sólo lo ayudará a recordar sus defectos y no querer intentarlo la próxima vez.

No insultar o ridiculizar

Si se equivocó, no burlarse ni insultarlo, menos aún hacerlo delante de otras personas. El resultado será que el niño se retraiga y su autoestima caiga al suelo.

Cariño y más cariño

Las demostraciones de afecto son el pilar de una alta autoestima. Ya sea a través de los gestos o palabras el niño se sentirá querido y mimado.

Sentir orgullo

Reconocer que no es tarea fácil crecer, superar obstáculos día a día, intentarlo solo y equivocarse, caerse y levantarse. Por ello cuando el pequeño alcance sus objetivos se le debe demostrar lo orgulloso que uno se siente por sus intentos y metas alcanzadas.

Elogiar

Es más importante elogiar su esfuerzo que su habilidad, aunque los resultados de sus esfuerzos no sean del todo brillantes. Que intente hacer cosas por sí mismo ya es suficiente para demostrarle admiración.

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