En 1891 Anton Delbrueck describió en la literatura médica, por primera vez, las características de la mitomanía (también llamada mentira patológica o pseudología fantástica) que refiere al comportamiento de las personas mentirosas compulsivas o habituales, es decir, un trastorno psicológico que consiste en mentir de forma patológica.

En general afecta a personas con un nivel de autoestima muy bajo, por lo cual mienten para llamar la atención con sus invenciones sobre grandes proezas o dramas, ya sean personales, laborales, amorosos o sociales. Con esta actitud, que los satisface, logran convertirse el centro de atención con relatos fabulosos o dramáticos que no son de su propia vida. 

Diferencia entre mitómano y mentiroso

Lo que diferencia al mitómano de una persona mentirosa es que esta última inventa mentiras para defenderse o protegerse, es decir, con una finalidad y un objetivo concretos.

En cambio, en el mitómano prevalece el carácter compulsivo de la mentira sin una fuente de motivación; como una tendencia morbosa de desfigurar la realidad, imaginar y sentir cosas que en realidad no suceden.

Los mitómanos también se diferencian de los psicóticos porque si bien se dejan llevar por sus fantasías, mantienen un juicio de la realidad suficiente como para darse cuenta que están mintiendo.

Caracterísiticas clínicas de los mitómanos

Las características que definen a la mitomanía son:

  • Las historias contadas no son del todo improbables porque generalmente tienen algo de verdad y siempre son bien formuladas; no son delirios ni una manifestación de la psicosis.
  • La tendencia a mentir es duradera, es decir, no es provocada por una situación inmediata o presión social.
  • El motivo interno último (no el externo) de dicho comportamiento se puede discernir clínicamente.
  • Las historias contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable (como sabio, valiente o héroe).
  • Asimismo, en la mitomanía puede existir o no la intención de engañar o estafar, aunque el verdadero fin es deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa. Al principio esas narraciones logran su efecto, cautivan a quien escucha con lo cual el mitómano obtiene atención, respeto y admiración, que es lo que en definitiva mantiene esta conducta, además del miedo a ser descubierto.

Por qué mienten

Como se mencionó anteriormente, estas personas tienen un trastorno emocional por lo cual imaginan, ven y sienten cosas que en realidad no suceden. Puede tener efectos que son negativos para la persona que lo padece y sobre todo para quienes están a su alrededor y la sufren.

Algunos de los motivos por los cuales mienten son:

  • Baja autoestima: principalmente personas que no se aceptan como son, porque tienden a crear una realidad paralela mucho más satisfactoria.
  • Insatisfacción: aquellos que necesitan admiración, aprobación, afecto y mucho amor.
  • Conductas ambivalentes: se crea una conducta que en realidad no es real ni que se corresponde con la propia vida.
  • Debilidad: se relaciona con falta o baja autoestima de autoestima.
  • Personalidad: suelen ser personas con algún trastorno de la personalidad. Pueden tener un ánimo muy alto, ser alegres, superficiales o frívolas, pero no son constantes ni responsables.
  • Herencia: en algunos casos, la genética puede ser la responsable de este comportamiento.

En la mitomanía, o adicción a mentir, cabe destacar que además existen ciertos síntomas relacionados con otro tipo de adicciones, como:

  • Elevados niveles de ansiedad, cuando se encuentra en situaciones propicias para el acto.
  • Pensamientos recurrentes de intrusión, que incitan al afectado a mentir.
  • Impotencia a resistirse al impulso de falsear la realidad.
  • Liberación de la presión con satisfacción, al no ser descubierto en sus mentiras.
  • Miedo al rechazo social. Adoptan una posición que las hace parecer personas más importantes, afortunadas, ricas o inteligentes, porque quieren impresionar y que los demás los acepten y respeten.

Consecuencias negativas de mentir

El objetivo de los mitómanos es ser el centro de atención, motivo por el cual eligen como tema de sus mentiras, grandes hazañas o dramas personales. Es decir, buscan la atención a través de la admiración o la compasión de los demás.

En general, se exageran las cualidades personales, se atribuye la suerte de conocer o tratar a personas importantes, de presenciar o participar de acontecimientos únicos o extraordinarios o inventar un historial académico, profesional o artístico impresionante.

Algunas veces, exageran algunos acontecimientos que para otra gente puede ser de lo más normal. Daño propio y a los demás.

Existen varias consecuencias que un mentiroso patológico padece. Por ejemplo, debido a la falta de confianza, la mayoría de las relaciones y amistades de los mentirosos patológicos fracasa. Si la enfermedad avanza, la mentira podría ser tan severa como para causar problemas legales (por ejemplo, relacionados con el fraude).

Otras consecuencias son:

  • Viven en un mundo irreal y adulterado, y no se percatan que dañan y lastiman a los demás.
  • Dado que su objetivo es manipular, usan mecanismos de defensa e inventan sucesos aunque no saben que pueden deformar su personalidad.
  • Producto de sus mentiras, los mitómanos pueden perder respeto, transparencia y prestigio social.
  • Pierden la confianza de los demás (familia, amigos, compañeros de trabajo).

Tratamiento para los mitómanos

Es fundamental para su tratamiento, que el mitómano reconozca su problema y se deje ayudar. Incluso al comienzo puede acceder a realizarlo para complacer a su entorno, pero en varias ocasiones inventará mentiras (“Cancelaron la sesión”, “Hubo huelga de transporte”) con el fin de negarse a cumplir con su terapia psicológica.

Si después de algunas mentiras accede a la consulta, es fundamental que esté dispuesto a trabajar por su recuperación, y que no sólo lo haga para cumplir con la familia o la pareja.

Cuando ya hemos conseguido que el mitómano se comprometa, los profesionales optarán por terapias cognitivas (orientadas a detectar los pensamientos y sentimientos que lo conducen a alterar la realidad) o técnicas de comunicación (para brindarle las herramientas apropiadas y desarrollar unas habilidades sociales mermadas). En otros casos será necesaria la prescripción de psicofármacos, siempre bajo la supervisión de un psiquiatra.

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