Es un trastorno de ansiedad, también llamado crisis de pánico, bastante diferente a otros tipos de ansiedad, dado que los ataques de pánico se presentan inesperadamente, a priori sin causa alguna.

Una persona puede sufrirlo mientras maneja, hace las compras o en un ascensor; en ese momento puede experimentar miedos irracionales (fobias) relacionados con esas situaciones, que en el futuro comenzará a evitar.

Con el tiempo, la necesidad de impedir reiteraciones y el miedo a sufrir otro ataque, puede hacer que esa persona no quiera manejar un vehículo nuevamente, ir al supermercado o subir a un ascensor, incluso hay casos en los cuales siente que no podrá salir de su casa.

De este modo, el ataque de pánico resulta un serio impacto en la vida cotidiana, por lo cual se lo considera una enfermedad, con posibilidades de causar invalidez.

¿Qué ocurre?

Los ataques de pánico son períodos en los que el individuo sufre súbitamente un intenso miedo o temor, con una duración variable de minutos a horas.

Durante un ataque de pánico, se acciona una “alarma” en la persona y comienza a tener la necesidad de huir o pelear, e inmediatamente crea en su mente imágenes catastróficas.

Una sensación de peligro extremo la invade, con lo cual el sistema de alarma vuelve a reaccionar y desencadena la respuesta de miedo, volviéndose así un círculo vicioso que paraliza a la persona. Para comprender su desarrollo, a continuación se detalla su proceso y evolución:

  • Un factor externo o interno “detona” el sistema de alarma en el cerebro; generalmente ello ocurre sin ser consciente de esa acción.
  • Cuando activa el sistema de alarma, se experimentan cambios físicos en el cuerpo, con la intención de huir o pelear. Estos cambios son el aumento de adrenalina, de la frecuencia cardíaca y de la temperatura corporal, entre otros factores.
  • Posteriormente se percibe que algo ocurre. El corazón late más rápido, aumenta la sudoración y se experimenta nerviosismo, sensaciones que hacen que la persona atienda aquello que le ocurre y siente.
  • Luego lo interpreta, pero el problema es que esa interpretación surge de pensamientos catastróficos como: “Me voy a morir”, “Tengo un ataque cardíaco”.
  • Cuando surge el pánico, se pierde el control de uno mismo, de las decisiones y de las acciones. De este modo, el pánico actúa como un nuevo detonador y los síntomas (palpitaciones, sudoración) se intensifican, además de surgir otros nuevos (mareo, debilidad). En ese momento, la persona confirma sus pensamientos catastróficos, con lo cual aumenta el pánico y así se convierte en un círculo vicioso en el que el miedo genera aún más miedo.
  • Cabe señalar que estos ataques generalmente aparecen de repente, y pueden alcanzar su máxima intensidad en unos 10 minutos. No obstante, pueden continuar durante más tiempo si el ataque fue desencadenado por una situación de la cual la persona no es o no se siente capaz de escapar.

¿Cuáles son los síntomas?

Generalmente se presentan intempestivamente, sin causa aparente. Como se mencionó anteriormente, el ataque de pánico es una aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso que puede acompañarse de cuatro (o más) de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones, elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Sensación de ahogo, atragantamiento o falta de aliento.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Náuseas o molestias abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o desmayo.
  • Miedo a perder el control o la razón.
  • Temor a morir.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueo.
  • Escalofríos o sofocaciones.
  • Desnaturalización (cambio en la percepción del entorno).

El trastorno puede durar meses o años. Aunque por lo general comienza en la adolescencia, en algunas personas los síntomas se presentan más tarde. Si no se trata oportunamente, puede empeorar y afectar seriamente la calidad de vida.

Controlar el pánico

Para controlar el pánico, se requiere tiempo y paciencia, con el objetivo de redefinir las actitudes frente al miedo extremo y enfrentarse al suceso que lo provoca sin evitarlo. Para ello se sugiere:

  • Reconocer que lo que se siente es una exageración de las reacciones normales al estrés.
  • Ser consciente que se trata de una reacción de ansiedad y pensar frases como “Ya me ha pasado y lo he superado”, “Ya pasará”.
  • Recordar que aunque la sensación puede resultar inquietante y molesta, en realidad no es grave y pronto desaparecerá.
  • No agregar pensamientos alarmantes sobre lo que ocurre o podría ocurrir. Para ello, distraerse con el objetivo de no alimentar los pensamientos catastróficos.
  • Buscar un lugar donde se esté cómodo, mientras desaparecen las sensaciones desagradables.
  • Esperar a que pase el temor y aceptarlo.
  • Detener los pensamientos negativos.
  • Aceptar las emociones.

Consejos

Para evitar ataques de pánico en el futuro y desarrollar una vida más saludable se aconseja:

  • Evitar todo pensamiento sobre la ansiedad.
  • Analizar si en la cotidianidad se sufren importantes fuentes de estrés (trabajo, familia, pareja) y buscar el modo de reducirlas.
  • Realizar ejercicio de forma habitual.
  • Practicar técnicas de respiración.
  • Aprender técnicas de relajación e incorporarlas habitualmente.
  • Acudir a la ayuda de un profesional.

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