Como sucede con cualquier duelo, una pérdida gestacional necesita del paso del tiempo para superarla. Por supuesto que su duración dependerá del tiempo individual y del de la pareja.

Asimismo, se suman otros factores, como las presiones del entorno, no tener la posibilidad de expresar los sentimientos de dolor, incluso las experiencias pasadas aún no superadas. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta las necesidades de quienes atraviesan esta circunstancia y respetar sus tiempos y espacios.

¿Por qué ocurre?

Desafortunadamente los abortos espontáneos son muy comunes: en términos generales, uno de cada cinco embarazos no llega a término. En la mayoría no se logra determinar la causa con exactitud.

No obstante, las estadísticas apuntan a que más de la mitad de los casos que se produce en el primer trimestre de embarazo se debe a anomalías cromosómicas. Asimismo, el riesgo aumenta en mujeres de mayor edad, incluso el estilo de vida de la madre también puede ser otro factor: el tabaco, el alcohol y el consumo de drogas, incluso la obesidad y el abuso de la cafeína se vinculan a este tipo de pérdidas.

Perder el bebé

Cuando ocurre la pérdida de un embarazo, los sentimientos de tristeza pueden ser abrumadores, no sólo para la madre (aunque es cierto que es quien más lo sufre) sino también para el padre.

En el caso de la mujer, el dolor se ve multiplicado no sólo por las secuelas físicas sino también por el tradicional sentimiento de culpa que las acompaña en su vida sentimental y reproductiva.

Asimismo, a nivel físico, a la mayoría de las mujeres se las somete a un legrado (técnica para extraer el embrión junto con el resto del endometrio después del aborto). En algunos casos el ginecólogo no lo recomienda y prefiere dejar actuar al cuerpo y que éste elimine los restos por sí mismo.

Luego conviene hacer un examen ecográfico para verificar que el útero haya quedado limpio. En ambas situaciones, legrado o que el organismo lo expulse naturalmente, el profesional indicará a la mujer el tiempo que debe esperar para intentar un nuevo embarazo.

Por su parte, el impacto psicológico del aborto dependerá del grado de deseo del embarazo (no es lo mismo si fue casual o resultado de muchos meses de esfuerzo), momento en que se produjo (durante el primer trimestre o casi al final), incluso el modo en que ocurrió (un accidente muy grave, un problema fisiológico).

Etapas emocionales

Al principio la madre se sentirá atormentada, confundida y negada a aceptar lo ocurrido. Querrá llorar o buscar culpables aunque esto la implique a sí misma. Son emociones muy fuertes, ya que se llega a crear un importante lazo con el bebé.

Generalmente el proceso de duelo, después de un aborto espontáneo, comprende los siguientes momentos (cabe aclarar que puede llevar un tiempo variable de maduración; en algunos casos hasta un año):

  • Shock o negación: cuando la madre no puede creer cómo ocurrió y se niega a aceptarlo.
  • Ira y culpa: el enfado puede desencadenarse contra sí misma, por creer que no cuidó bien del embarazo o por cualquier otro factor.
  • Depresión: la mujer acepta la pérdida y siente un profundo dolor. Es normal que quiera alejarse de los demás y estar sola, para pensar y llorar libremente.
  • Aceptación: en esta etapa la madre entiende que debe lidiar con el dolor, de alguna manera, con el fin de superarlo, lo cual no significa olvidarlo, sino todo lo contrario: recordar por siempre a este bebé que no llegó a conocer.

Con respecto al hombre, culturalmente tiene otra forma de encarar sus emociones. Generalmente tiende a racionalizar lo ocurrido, a informarse por qué pudo pasar. Desde ya que su vinculación con el futuro bebé era mucho más indirecta que la de la madre.

Muchos hombres ven a su mujer deprimida y sufren pensando que quizás no se recuperará jamás. Por ese motivo sienten la obligación de ser el sostén emocional de su pareja, pero deberán hacerlo sin reprimir sus ganas de llorar y con la aceptación del dolor y la pérdida.

¿Cómo ayudar?

Cuando una mujer ha perdido un embarazo habrá que brindarle apoyo y comprensión. Necesita llorar, darle un nombre a ese hijo que no nació, asumirlo en su vida, despedirlo.

Debe sentir derecho a la desesperación, a la pena, la angustia y el miedo, pero siempre acompañada, ya sea por su pareja, la familia o un profesional.

Es importante recordar que el sufrimiento no es signo de debilidad, sino que es una emoción humana natural experimentada por cualquier persona, después de alguna pérdida significativa, y que el mismo no desaparecerá mágicamente de la noche a la mañana.

Algunos recursos que ayudarán a afrontar la pérdida son:

  • Acudir a un profesional especialista en duelo gestacional y perinatal.
  • Rodearse de personas comprensivas con las que se pueda compartir la experiencia.
  • Intentar, dentro de lo posible, adoptar una actitud positiva y mirar hacia el futuro.
  • Aceptar muestras de cariño de parte de la pareja y de la familia más cercana (madre especialmente).
  • Dejar fluir el llanto; las lágrimas sanan.
  • Evitar el sentimiento de culpa.
  • Descansar lo suficiente, dado que se trata de una situación muy estresante que agota la energía.
  • Asistir a grupos de apoyo para compartir con personas que han atravesado la misma experiencia.

Comunicarse, retomar la vida y tener nuevas metas, serán claves importantes para superar esta situación.

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