Hoy tenemos el placer de contar con la psiquiatra María José Jiménez, la cuál nos va a dar las claves para superar el duelo emocional junto con un testimonio real de una de sus pacientes. Esperamos que este artículo te sea de mucha ayuda.

Antecedentes

Un d√≠a cualquiera de enero acude al centro de salud mental, como de costumbre, dispuesta atender a mis pacientes. Encender ordenador, obtuve la lista de citas previstas y le√≠ lo siguiente: “V.MC., 44 a√Īo. Motivo de consulta: Ruptura de relaci√≥n sentimental, dice estar muy triste. Ruego valoraci√≥n y ajuste de tratamiento. Un saludo”.

El m√©dico de atenci√≥n primaria ya hab√≠a dictaminado, por su parte, que V., tras una ruptura sentimental y mucha tristeza, ten√≠a depresi√≥n mezclada con ansiedad. ¬ŅQu√© deb√≠a hacer yo? ¬ŅQu√© se espera de un psiquiatra ante esa situaci√≥n? Imagino que eso es lo que marcaba continuaci√≥n en las observaciones del m√©dico: “valora y pauta tratamiento psicofarmacol√≥gico”.

¬ŅQu√© demanda de nosotros como terapeutas la sociedad ante el sufrimiento ps√≠quico? ¬ŅQu√© es lo que viene buscando V.? ¬ŅQu√© deber√≠amos devolverle antes su demanda? Lo primero que me viene a la cabeza, como cada ma√Īana que me veo confrontada este tipo de palabras y diagn√≥sticos absolutamente rotundos a los que estamos condenados, fue si alguien se preguntaba qui√©n era V. o, simplemente, se me convocaba para sentenciar qu√© es lo que ten√≠a esta paciente, y en definitiva, dicho coloquialmente, para decidir qu√© pastillas deber√≠a recetarle.

Por qué sufrimos tanto la pérdida

Hoy a los psiquiatras se nos pide que, al reconocer a un paciente, resolvamos dos cuestiones: ¬ŅCu√°l es el diagn√≥stico? ¬ŅQu√© plan terap√©utico es necesario? Esa es la realidad actual. Estamos en la era de las teor√≠as que lo explican todo, de los protocolos, de los generalismos.

Las personas no toleramos el sufrimiento, no toleramos que hay incertidumbre o vac√≠o, no toleramos no saberlo todo, por eso nos medican cuando estamos muy tristes. Lo necesitamos a pesar de que sabemos que estamos destinados a convivir con ese vac√≠o, ese sentir que no estamos completos, o lo que los profesionales llamamos “la falta”.

En psicoanálisis aprendemos precisamente que al ser humano lo que más le cuesta es llegar a tolerar esa falta. En otras palabras, y citando a Jacques Lacan, que el afecto está ligado siempre a nuestra relación con el otro, a aquello que nos constituye como sujetos deseantes. Es decir, deseamos precisamente porque hay algo que nos falta, algo que solo encontraremos en el campo del otro. Por ese motivo es en el campo del otro en el que el sujeto se funda.

Podemos sostener que somos, en lo que nos afecta y en tanto sujetos, siempre dependientes de ese deseo que nos liga con el otro y que nos obliga a no ser m√°s que ese ser siempre desconocido y faltante.

En qué consiste el desamor

Escribe Catherine Millot en su libro O solitude (editorial Gallimard) que muchas veces nos vemos confrontados a no ser nada para el otro y que, cuando uno ama, este sentimiento puede confundirse con la muerte. Por su parte, el escritor, antropólogo y pensador francés George Bataille afirma que el desamor eleva el deseo de un ser por otro a un grado de tensión en el que la privación eventual de la posesión del otro o la pérdida de su amor no es experimentada menos duramente que una amenaza de muerte.

El sujeto que tan claramente aparece en el psicoanálisis, implica irremediablemente una dependencia frente a él, y entiende la pena por el objeto amado perdido.

Pero este sujeto aparece totalmente desdibujado en la psiquiatría de nuestros días, reduciéndose este a un usuario individual que no debería sufrir. De repente, la pérdida de un ser amado no debe ser triste, siendo la tristeza tratada como patológica y obligatoriamente medicada.

Muchos pacientes acuden a terapia pensando que son los hechos los que de verdad importan. El primer error por nuestra parte sería colocarnos, inconscientemente, en el lugar de un abogado de un juez. En definitiva, colocarnos en la posición del saber.

Haciendo que conocemos lo que es grave, importante o nimio y otorgando un valor aleatorio a las cosas, a los sucesos. Cualquier coincidencia con la realidad de esa persona, cuándo todavía no hemos explorado su cuestión, tiene más que ver con el mero azar que con la realidad que vive.

Esta realidad s√≥lo le pertenece a √©l. Es decir, lo √ļnico que tiene valor es la historia que esa persona trae a la consulta, su historia. De pocas otras certezas podremos hacernos cargo como de esta. Nietzsche dijo: “precisamente no hay hechos, solo interpretaciones”. Nadie sufre de la cosa sino de lo que la cosa representa para uno.

El afecto siempre aparece indisociablemente unido a la representación y de esta representación es de la que sufrimos. Solo en esta representación hallaremos al sujeto.

Pérdida emocional en una historia real

En todo esto pensaba mientras esperaba a V., quién seguro que debía de estar sufriendo. De eso no me cabe la menor duda. Tenía 40 minutos para indagar en su historia, para saber de qué sufría.

V. comenz√≥ a llorar. Del llanto paso al berrinche, sudaba, temblaba… Incapaz de articular palabra. “No s√© qu√© me pasa, no encuentro palabras… Se ha ido”. V. estaba cansada desde hac√≠a a√Īos. Ten√≠a un hijo de 4 a√Īos y una ni√Īa de un a√Īo. Hac√≠a varios meses que su marido se hab√≠a ido, s√≠, o si se prefiere, que no hab√≠a vuelto.

Ella, desesperada, hab√≠a llamado a la empresa donde le hab√≠an comunicado que √©l hab√≠a cogido unos d√≠as de vacaciones. Posteriormente, el vac√≠o. La nada. Ella recordaba que su marido estaba raro desde hac√≠a unos meses y que, en la cena de Navidad, cu√°ndo fue a acercarle el tel√©fono, vio reflejado un n√ļmero desconocido. Despu√©s √©l se ausent√≥ para hablar. Esto ocurri√≥ alguna vez m√°s.

Recuerda su sensaci√≥n extra√Īa, un escalofr√≠o que le recorri√≥ el cuerpo, algo que neg√≥ inmediatamente, incapaz de tolerar, ni siquiera de imaginar. Sin embargo, registro ese tel√©fono. Ten√≠a curiosidad y s√≠, llegado el caso lo necesitase, tendr√≠a algo a lo que agarrarse. Marc√≥ y escucho una voz de mujer al otro lado. Entonces distingui√≥ de fondo la voz de su marido. ¬ŅQui√©n es? Ella se arm√≥ de valor y le explico qui√©n era y para que llamaba. Pensaba que al otro lado del tel√©fono estaba el amante.

En una fracci√≥n de segundo pudo imaginarse su rostro y dibujar su silueta, seguramente joven, bien parecida. Se encontr√≥ con la misma historia en negativo. Una mujer con pareja que trabajaba en otra ciudad y que llevaba viviendo varios a√Īos con ella. Ten√≠a un hijo en com√ļn, de 2 a√Īos.

La vida le parec√≠a a V. una gran mentira. Aquello ten√≠a de a√Īil todos aquellos a√Īos. No solo exist√≠a un vac√≠o por el desencuentro con el otro, con el objeto amado, sino que sent√≠a vac√≠a y hueca su vida previa.

¬ŅD√≥nde hab√≠a estado √©l durante todo este tiempo? ¬ŅC√≥mo no pudo darse cuenta? Ahora, una parte de ella se hab√≠a perdido con √©l y no era capaz de reconocerse a s√≠ misma. Ni siquiera V.era capaz de saber lo que representaba para ella. Ese ser√≠a el gran enigma con el que deber√≠a enfrentarse.

5 Claves para superar la pérdida del ser amado

Darnos el tiempo necesario

Es imposible eludir un cierto lapso de tiempo (es estrictamente necesario) para que seamos capaces de desligarnos de esa persona u objeto amado perdido, a pesar de que este punto choca  con la urgencia a la cual nos vemos obligados en la sociedad actual marcada por la inmediatez, completamente intolerante a la espera.

Volver a valorar nuestro yo

Diferentes maniobras a nivel consciente e inconsciente pueden ayudarnos a renunciar a es objeto perdido, como dijo Freud, ” desvaloriz√°ndolo, denigr√°ndolo y, en definitiva, asesin√°ndolo.” Al final de este proceso, lo que en psicoan√°lisis llamamos el yo, es decir, nuestra identidad dicho de una manera sencilla, deber√≠a llegar a “gozar de la satisfacci√≥n de reconocerse como el mejor de los dos, como superior al objeto.”

Sin embargo, contra este proceso surge una posición natural e innata del sujeto qué consiste en que este no abandona ni renuncia fácilmente a su posición adquirida, aun cuando muchos casos hayan podido encontrarles ya una sustitución. El sujeto tiende a representarse el mundo como desierto y empobrecido, incapaz al inicio de sustituir al desaparecido y sustituirlo por uno nuevo que ocupe ese escenario.

Dejar de identificarnos con el otro

En general, reconocemos en el otro algo de nosotros mismos que nos atrae inconscientemente y lo elegimos. Dependiendo, l√≥gicamente, de lo que busquemos especulativamente de nosotros mismos en el otro, realizaremos diferentes tipos de elecci√≥n. Eso, en √ļltimo t√©rmino, le dispondr√° a uno u otro duelo m√°s o menos intenso, dependiendo de si el yo quema m√°s o menos dominado por el otro.

Si la pérdida es traumática, puede activar recuerdos dolorosos que fueron reprimidos.

Comprender por qué lo sentimos así

Este proceso puede resultar un tanto complejo, puesto que se trata de abandonar la representaci√≥n de esa persona amada, c√≥mo explica Freud “se halla representada por innumerables impresiones (huellas inconscientes)”. Es decir, no existe una √ļnica representaci√≥n del objeto amado, ya que esta representaci√≥n es a su vez capaz de activar m√ļltiples recuerdos que cada vez proceden de una fuente diferente. Y es que el objeto representa un gran n√ļmero de conexiones distintas con olores, sonidos, lugares, s√≠mbolos…

Sí a eso se le suma, como es en el caso de V., que la persona amada ha intervenido en en un suceso traumático, entonces el proceso se puede complicar todavía más porque probablemente este suceso traumático pueda estar reactivando otros recuerdos reprimidos en ella que también resultaron traumáticos.

Resolver el dilema

El gran enigma que solo resuelto permitir√° que avancemos tras sufrir este tipo de perdidas es comprender porque esa persona es irremplazable por otra, que le otorga su valor y,en definitiva, qu√© hace a esta experiencia √ļnica, irreductible e irrepetible.

Esperamos que este art√≠culo te haya dado las claves necesarias para poder solucionar tu problema. ¬°√Ānimo! Eres una persona fuerte. ¬°Comp√°rtelo con tus amigos!

Punt√ļa el art√≠culo