Seguro que hay días en los que te levantas de la cama y te preguntas ¿para qué? O ¿por qué? Las personas necesitamos una razón por la que luchar y sentirnos plenos día a día. Esto nos hace poder afrontar lo obstáculos de una manera más eficaz.

El concepto japonés ikigai engloba todas esas razones de ser que los humanos queremos tener en nuestras vidas. ¿Quieres saber qué es? ¡Sigue leyendo!

Cómo encontrar mi propósito de vida

La realidad que vivimos está fuertemente asociada a nuestros propósitos y a las explicaciones que generamos de las experiencias vividas, incluso más allá de la realidad objetiva. Pero, ¿qué relevancia puede tener esto en el caso de la salud cerebral? Los japoneses consideran que tener un ikigai, una palabra que usan para referirse a la motivación vital o la “razón de ser”, es importante para la salud.

El ikigai es una misión, aquello que da fuerzas, y motivación para levantarse de la cama cada mañana.

Para entender la relevancia de tener un “propósito o plan de vida”, frecuentemente se hace referencia a los textos clásicos de Viktor Frankl, quién en su libro El hombre en busca de sentido nos cuenta de forma fascinante las vivencias en primera persona de la reclusión en los campos de exterminio durante el Holocausto.

En su libro, Frankl hace un análisis psicológico magistral del comportamiento humano y nos cuenta que aquellas personas que veían un significado en su vida – a pesar de las crueldades que le rodeaban- poseían “fuerza interior”, “libertad espiritual” o “valores personales”.

Otro autor relevante en este campo es Aaron Antonovsky, un médico y sociólogo que basó su trabajo en la caracterización de lo que él “denominó casos anormales” (deviant cases). De forma parecida a Frankl, Antonovsky se interesó en investigar a grupos de personas sujetas a situaciones adversas como la pobreza, la marginalidad social o ser de minorías étnicas, inmigrantes con dificultades o supervivientes de campos de concentración.

Cómo son las personas con una razón de ser

En sus trabajos, Antonovsky constató algo muy interesante: En determinados individuos, una exposición continuada a estos entornos no resultaba en efectos deletéreos en su salud física o mental, mientras que otros individuos se enfermaban.

Antonovsky entendía que nos movemos constantemente en un continuum entre salud y enfermedad y acuñó el término de sentido de coherencia para referirse a aquellas personas que cumplen estas tres características:

  • Perciben como controlable, explicable o predecible el entorno que les rodea.
  • Piensa que tienen recursos para afrontar el entorno que les rodea.
  • Creen que merece la pena activar los recursos y esfuerzos necesarios para cambiar ese entorno.

Cómo destacan tanto Frankl como Antonovsky, podemos identificar características psicológicas de los individuos resilientes, aquellos capaces de mantener la salud a pesar de terribles adversidades. A la postre, esas son características del funcionamiento de sus cerebros. Y como hoy en día sabemos que el cerebro es plástico, eso significa que cada uno de nosotros puede llegar a estas características.

Estos estudios teóricos y datos empíricos posteriores han confirmado que las características psicológicas que promueven la resiliencia pueden englobarse en tres aspectos esenciales:

  • Un componente motivacional relacionado con tener (o creer que se tiene) un propósito o una finalidad de la vida.
  • Un factor cognitivo de coherencia relacionado con la comprensión del mundo que nos rodea y la percepción de confianza de tener los recursos para gobernar nuestro comportamiento.
  • Un aspecto afectivo relacionado con el sentimiento de satisfacción y plenitud asociado a esa conducta orientada hacia nuestros valores.

Cómo sufrir menos ansiedad y depresión teniendo una misión de vida

 Diversos estudios epidemiológicos han constatado este hecho. Trabajos posteriores también han resaltado que las personas con un alto sentido de vida o plan vital perciben un mejor funcionamiento cognitivo, particularmente memoria y funciones ejecutivas (razonamiento, planificación, abstracción y flexibilidad mental).

Esto es cierto incluso en personas de edad avanzada, en las que también se ha relacionado con una mejor condición física. Un plan vital bien desarrollado se ha relacionado a sí mismo con otra de salud, empezando por una menor mortalidad debida a cualquier causa o un menor riesgo de sufrir enfermedad cardio y cerebrovascular.

Por tanto, se ve como este pilar de salud puede tener una influencia en el de la salud integral y, de hecho, al referirse a los comportamientos las personas valoran y les proporcionan plenitud, es altamente probable que ejerza un importante efecto sobre el resto de los pilares de salud cerebral, como son una adecuada nutrición, un sueño reparador, el ejercicio físico, el entrenamiento cognitivo, y la socialización.

David Bennett lidera estudios en el Rush Medical College, en Chicago, que han indicado que un alto propósito vital se asocia con una menor probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o deterioro cognitivo leve en la edad avanzada.

El efecto beneficioso sobre el cerebro de tener un plan vital puede estar mediatizado por su impacto regulador sobre el mecanismo del estrés y sobre los marcadores inflamatorios, pero estos trabajos han mostrado que incluso puede proporcionar una mayor resistencia a los cambios patológicos típicos de la enfermedad del Alzheimer y reducir la acumulación de proteínas anormales y dañinas, como la beta-amiloide y la Tau.

Origen del Ikigai

Sin duda, futuros estudios se aclararán los mecanismos de mayor beneficio en relación con el plan vital. Lo que por ahora parece refutable es que encontrar la razón de ser es la clave para mantener la salud, es decir, que llegar a tener ese ikigai del que hablan los japoneses es esencial.

No en vano, Japón es uno de los países del mundo donde la gente vive más años y quizás el ikigai tenga que ver con ello. No hay que olvidar que ikigai proviene de la palabra ikiru, qué significa “vivir”, y de la palabra kai, qué significa algo así como “la realización de aquello que uno espera”. Además, la palabra qué significa “concha”, y las conchas se consideran mágicas y valiosas en el periodo “Heian”, el último del racismo japonés, entre los años 794 y 1185. Esta doble aceptación añade el significado de “valor o tesoro de vida”.

O sea, ikigai es precisamente la verdadera razón de nuestra existencia. Viene a ser aquello que nos ayuda a seguir adelante, lo que nos da aliento y energía para continuar a pesar de las adversidades de la vida, el propósito de nuestra existencia. Podemos encontrar el sentido de la vida en el cuidado de otras personas, en el trabajo, la solidaridad…

El ikigai no tiene por qué ser algo fijo o inmutable a lo largo de la vida. El ikigai de cada uno de nosotros puede cambiar, y puede ser una o varias personas (mis hijos), o una labor profesional (mi labor investigadora), la dedicación generosa a los demás (mi servicio médico y educativo) o una creencia espiritual o religiosa.

El ikigai no tiene tampoco porque ser algo grandioso, pero, en cualquier caso, es algo que lo trasciende a uno, que va más allá de la propia existencia. Estudios en la isla japonesa de Okinawa, una de las regiones del mundo con mayor expectativa de vida y con una población inusualmente numerosa de personas de más de 100 años, confirman que el ikigai es un concepto crucial en la cultura.

Busca tu razón de ser y disfruta de una mente sana

Dicen los japoneses que tener un ikigai bien definido y una red social de relaciones estrechas – lo que en Okinawa llaman moai- son los factores más importantes para predecir esa longevidad y la salud en edad avanzada. Si tú no tienes un ikigai definido ¡inventalo! Y si no careces de un moai – de amigos y colaboradores estrechos-, ¡establece y cuida esas relaciones!

El periodista John Leland, en su libro Ser feliz es una decisión, describe las lecciones aprendidas a lo largo de un año durante el cual visitó regularmente a seis neoyorquinos con más de 85 años de edad con los que conversó. Algunos estaban solos, algunos enfermos, algunos en residencias de ancianos, pero todo eso no importa.

John Leland no nos narra cuál fue la vida de estas notables personas cuando eran jóvenes, sino que se centra en sus vidas actuales, sus vidas plenas y llevan las de razones de ser, y destaca las lecciones que todos deberíamos aplicarnos a lo largo de toda nuestra vida.

La conclusión es que podemos hacer nuestro pensamiento más positivo, pero no hace falta esperar. Con frecuencia, los ancianos, los enfermos y aquellos que se enfrentan a tragedias personales con circunstancias crueles nos ayudan a entender eso.

Es mejor prevenir para conseguir evitar sufrimiento y promover nuestro bienestar y fortaleza. En definitiva, todos ansiamos tener una vida plena y feliz. Para tener las importante estar sano y, para lograr eso, lo más importante es tener un cerebro sano. Cuídalo al máximo.

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