Es la incapacidad para digerir cantidades significativas de este azúcar de la leche, por la falta de la enzima lactasa, producida generalmente en las células del intestino delgado. Cómo prevenirla, tratarla y qué alternativas consumir.

En su composición la leche presenta diversos nutrientes, como grasas (colesterol, triglicéridos), proteínas, vitaminas, minerales (principalmente calcio) y azúcares (lactosa).

En que consiste

La lactosa se compone de dos glúcidos unidos entre ellos (disacárido), denominados glucosa y galactosa. Para que la lactosa pueda ser digerida y absorbida en el intestino, se requiere de una enzima denominada lactasa. La lactasa rompe la unión del disacárido lactosa en sus dos azúcares, glucosa y galactosa, y permite que sean absorbidas por el intestino delgado.

En este sentido, la intolerancia a la lactosa -o mala absorción- se define como la incapacidad para digerir cantidades significativas de este azúcar de la leche por una falta de la enzima lactasa producida normalmente en las células del intestino delgado.

Al no existir suficiente lactasa, gran parte de la lactosa no es digerida, y por lo tanto, pasa sin ser absorbida al intestino grueso. La lactosa en el colon es fermentada por bacterias que provocan gases como metano e hidrógeno, con la consecuencia de molestias físicas o intolerancia.

Cabe diferenciar la intolerancia a la leche de vaca de la intolerancia a la lactosa. Mientras la primera es una condición de alergia a las proteínas de la leche (no a la lactosa, que se produce en menores de un año). La segunda, como se mencionó, es la incapacidad de digerir el azúcar de la leche, y se desarrolla a edades mayores, generalmente entre los 2 a 7 años de vida.

¿Cuántos tipos de intolerancia existen?

Primaria genética o hipolactasia adquirida

Se produce una pérdida progresiva de la producción de la lactasa, y por lo tanto un déficit gradual de la capacidad de digerir la lactosa. Quienes la padecen notan cómo la ingesta de leche les causa cada vez más síntomas.

Cuando es de carácter primario/genético no existe cura posible, porque el individuo no recupera la enzima y los síntomas sólo se alivian con la suspensión de los productos lácteos en la dieta. Por lo tanto, es genética, progresiva y no tiene cura. El tratamiento consiste en retirar los lácteos de la alimentación diaria.

Secundaria

Es temporal y curable. La disminución de la producción de la lactosa es secundaria, ya que está provocada por un daño intestinal temporal que tiene otras causas (problemas intestinales provocados por virus, bacterias o parásitos; celiaquía, enfermedad de Crohn, entre otros).

Cuando la persona se cura y la mucosa intestinal se ha regenerado, desaparece la intolerancia a la lactosa.

Congénita o hipolactasia congénita

Es una forma muy rara de intolerancia provocada por un defecto congénito o genético. Es esencial prescribir una dieta sin lactosa para evitar lesiones y complicaciones graves en su desarrollo. Ya que no tiene cura.

Síntomas

Los síntomas, que se presentan frecuentemente después de la ingesta de productos lácteos, son: náuseas, dolor abdominal, espasmos, hinchazón y distensión abdominal, gases abdominales y flatulencias, diarreas ácidas, heces pastosas y flotantes, defecación explosiva, vómitos o enrojecimiento peri anal.

Como síntomas inespecíficos, puede presentarse abatimiento, cansancio, dolores en las extremidades, problemas cutáneos, alteraciones de la concentración, nerviosismo o trastornos del sueño.

¿Cómo se detecta?

Los actuales métodos de diagnóstico incluyen:

  • Test de hidrógeno espirado: consiste en ingerir una cantidad fija de lactosa y la intolerancia se confirma si existe un aumento del hidrógeno medido en el aliento, lo que significa que la lactosa no ha sido digerida y ha llegado al intestino grueso donde las bacterias la descompondrán produciendo abundante hidrógeno.
  • Test sanguíneo: consiste en medir con un análisis de sangre la cantidad de glucosa del paciente, antes y después de administrar lactosa en diferentes intervalos de tiempo. Si el organismo produce suficiente lactasa, ésta romperá la lactosa administrada al aumentar las cantidades de glucosa que se detectarán en la sangre.
  • Biopsia del intestino delgado: se introduce un tubo flexible de fibra óptica (endoscopio) a través de la boca o nariz hacia el tracto gastrointestinal superior. Las muestras de tejido obtenidas durante la endoscopía se analizan para constatar la presencia o no de lactasa en la mucosa intestinal.

¿Cómo se trata?

Básicamente, para su tratamiento es fundamental reducir de la dieta la ingesta de productos lácteos (es decir cualquier producto que contenga leche o queso o que se haya elaborado a partir de éstos) que contengan lactosa, con el fin de aliviar los síntomas.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la lactosa puede estar presente en la composición de diversos alimentos o bebidas, y no sólo en los productos lácteos.

Puede haber lactosa en el pan, los caramelos, fiambres, postres, sopas, salsas y medicamentos, por lo que se recomienda leer siempre las etiquetas para identificar su presencia.

La otra alternativa consiste en administrar sustitutos de lactasa. Tomar suplementos de la enzima lactasa antes de consumir productos lácteos evitaría la aparición de síntomas, sin embargo, no es eficaz en todos los pacientes que sufren este trastorno.

¿Cómo asegurar el aporte de calcio?

La falta de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D (necesaria para la absorción del calcio), riboflavina y proteínas. Las complicaciones más comunes son la pérdida de peso y la malnutrición.

Dado que la leche es la principal fuente de calcio de la dieta, resulta muy importante asegurar una buena ingesta de este mineral por medio de otros alimentos alternativos, en caso de intolerancia a la lactosa. En este sentido las recomendaciones son:

  • Emplear leche baja en lactosa.
  • Yogures o leches fermentadas.
  • Consumir leche de soja.
  • Legumbres (soja, lentejas, garbanzos).
  • Frutos secos.
  • Higos secos.
  • Sardinas, salmón.

Asimismo, para mejorar la absorción del calcio habrá que evitar las bebidas carbonatadas (ricas en fosfatos) y algunas verduras (espinacas, dado que son ricas en ácido oxálico y dificultan la absorción de este mineral).

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