¬ŅSabias que meditar puede hacer que haya un antes y un despu√©s en tu vida? Adem√°s, puedes hacerlo en casa y empezar a notar los beneficios de una forma r√°pida y haci√©ndote sentir genial. En este art√≠culo te lo explicamos todo sobre la meditaci√≥n.

Por qué comenzar a meditar

Muchas veces nos ocurre que necesitamos, de manera urgente, que la mente descanse. La respuesta la encontramos en la pr√°ctica de la meditaci√≥n sentada (zazen). 

Vamos a la sala de meditaci√≥n o alg√ļn rinc√≥n elegido en nuestras casas y, en el preciso instante que nos acomodamos en la postura, nos atacan est√≠mulos exteriores. All√≠ se nos viene encima la psiquis: pensamientos, recuerdos, emociones, proyectos. Busc√°bamos tranquilidad y aparecen ruidos de todo tipo.

Algunos, frente a esta situaci√≥n, proponen eliminar pensamientos, vaciar la mente o concentrarse en un punto visual, sonoro, etc. En ese sentido, insin√ļan que para estar bien, ser√≠a mejor alejarse del mundanal ruido. En el caso del Zen, la situaci√≥n es otra: su objetivo no es ofrecer descansos de media hora o tres cuartos, ni que el bienestar se logra mediante retiros en paisajes buc√≥licos.

De acuerdo a la ciencia de avanzada, el zazen está al tanto que la mente está encendida las 24 horas, 7 días por semana. Entonces, sentarse a meditar no busca eliminar, vaciar, concentrar o ausentarse. Lo que intenta es abrir lo cerrado, equilibrar lo revuelto. Y, lo más importante, lo hace a través y por medio del cuerpo.

Lo que debes saber a cerca de nuestro cuerpo

A continuaci√≥n te ense√Īaremos lo que debes saber a cerca de nuestro cuerpo y por qu√© es tan importante trabajar y prestar atenci√≥n a nuestra paz interior para poder llevar una vida m√°s plena y completa.

Cable a tierra

Nuestro cuerpo es la herramienta que nos mantiene unidos con nuestro planeta tierra. Y es el que responde a los posibles ruidos externos que puedan hacer que nuestra tranquilidad se vea mermada.

¬ŅEntonces, la soluci√≥n al ruido de la mente no est√° en la mente? En el Zen, s√≥lo la intervenci√≥n de la persona desde el cuerpo permite resolver lo que cre√≠amos que era puro pensamiento. La apuesta, entonces, es dinamizar el organismo f√≠sico y educar la atenci√≥n.

Existen infinidad de disciplinas (gimnasia, yoga, pilates, eutonía, etc.), que cada uno puede elegir. El Zen, lejos de proponer cuerpos de atletas, apunta a que seamos conscientes de que somos nuestro cuerpo. Entiende que hay que escucharlo, sentirlo y disfrutarlo.

Si somos sedentarios, ¬Ņpor qu√©, por ejemplo, no dedicar atenci√≥n a estar cada vez en una postura c√≥moda en la oficina, el bus, el bar, en casa? La b√ļsqueda del confort del cuerpo pone en evidencia la necesidad de ejercitarlo.

Y es grato descubrir que en esa movilizaci√≥n, la mente est√° muy implicada: disfruta de su participaci√≥n en la b√ļsqueda del bienestar del cuerpo.

El cuerpo es sabio y rápido. Si escuchamos periódicamente sus reclamos, encontraremos la postura correcta para meditar. Por eso no hay postura canónica en el Zen: la postura aconsejable es la sostenible, la que sirve para cualquier ocasión, todo el día.

Educar la atención

Cuando el cuerpo está cómodo, debemos poner la atención en la respiración. Y allí descubrimos que la respiración brinda una conexión infalible entre mente y cuerpo.

La atención en la respiración pone en contacto con lo que guarda la persona: pensamientos, emociones, pedidos. Al llevar todo eso al ondular del aire que entra y sale, mi parte interna deja de ser enemiga del descanso. Más bien, es el punto de partida de un camino de bienestar.

En ese sentido, el Zen no persigue ni ofrece inspiraciones milagrosas ni soluciones m√°gicas. El Zen encara a la persona tal como es y trabaja para orientarla hacia mayor equilibrio.

La persona no deja de pensar, percibir, recordar, sentir. Pero lentamente ese ruido se alivia, se aclara. No desaparece el barullo, pero deja de interferir. Eso permite reconciliarse con la vitalidad que fluye. La mente aprende a revivir en la persona cuando entra en la intimidad de su respiración. Y lo cierto es que una mente que descansa muestra a una persona capaz de disfrutar.

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