Es una enfermedad progresiva y degenerativa, cuyos síntomas más graves incluyen temblores y agitación, movimientos lentos, dificultad de para mantener el equilibrio y atrofia muscular. La demencia es frecuente en sus etapas tardías. Descubra el valor de la dieta adecuada.

Qué es

La enfermedad de Parkinson es un trastorno degenerativo del sistema nervioso central, descrito por primera vez por James Parkinson en 1817, como “parálisis agitante”, provocada por un déficit de un neurotransmisor, la dopamina, vital para coordinar los movimientos y el equilibrio del cuerpo. Este déficit impide la transmisión fluida de los mensajes al sistema nervioso central, con lo cual se producen los síntomas típicos de la enfermedad.

La dopamina se produce en diferentes partes del sistema nervioso, especialmente en la sustancia negra. Las neuronas de la sustancia negra de las personas con enfermedad de Parkinson mueren antes de tiempo, sin ser sustituidas por otras nuevas. Cuando desaparece el 50 ó 60% de las células de esta zona, los primeros síntomas comienzan a hacerse evidentes.

Es un trastorno que se da en personas de edad avanzada, aunque existen casos a temprana edad cuyos síntomas son bradicinesia (lentitud de los movimientos voluntarios), acinesia (ausencia de movimiento), rigidez muscular y temblor.

Síntomas

Los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson son leves y se hacen más notorios graves con el paso del tiempo. El cuadro inicial típico registra dolores en las articulaciones, dificultades para realizar movimientos y agotamiento. La caligrafía también empieza a cambiar y se torna pequeña e irregular.

Entre sus principales manifestaciones se destacan:

– Temblores en manos, brazos, piernas, mandíbula y cara. Consiste en un movimiento rítmico hacia atrás y adelante. Generalmente comienza en la mano, aunque en ocasiones afecta primero a un pie o a la mandíbula. Se agudiza en reposo o bajo situaciones tensas, y tiende a desaparecer durante el sueño. Puede afectar sólo a un lado o a una parte del cuerpo.

– Rigidez en brazos, piernas y tronco. Se manifiesta como una resistencia o falta de flexibilidad muscular. Todos los músculos tienen un músculo opuesto, y el movimiento es posible porque, al contraerse un músculo, el opuesto se relaja. Cuando se rompe este equilibrio, los músculos se tensan y continuamente causando inflexibilidad y debilidad.

– Lentitud de los movimientos (bradicinesia). Se define como la pérdida de movimiento espontáneo y automático, lo cual genera lentitud en todas las acciones. Es impredecible y es el síntoma más incapacitante, porque el paciente no puede realizar movimientos con rápidez.

– Problemas de equilibrio y coordinación. La inestabilidad de la postura hace que los enfermos se inclinen hacia adelante o atrás y se caigan con facilidad. La cabeza y los hombros caen hacia delante, y la forma de andar empeora. El paciente da pasos cortos y rápidos para poder mantener el equilibrio, o se queda quieto a mitad de camino, sin poder moverse.

Asimismo, pueden presentarse síntomas secundarios, como depresión, trastornos del sueño, problemas urinarios, estreñimiento, fatiga o dificultades para masticar, tragar o hablar.

Alimentación para prevenir el Parkinson

Por diversas causas, esta enfermedad genera alteraciones en el estado nutricional. Por ejemplo, la malnutrición y pérdida de peso se deben a la incapacidad del paciente para realizar movimientos coordinados, así como el temblor de manos que les dificulta el correcto uso de los cubiertos.

Además, se suman factores como: alteraciones en la salivación y masticación; pérdida del apetito, secundaria a las alteraciones del hipotálamo propias de la enfermedad; depresión asociada, que también contribuiría al rechazo a tomar alimentos; estreñimiento; disfagia (dificultad de tragar) que aparece en fases avanzadas; consumo de medicamentos para el tratamiento (a veces pueden provocar efectos adversos, como pérdida de apetito, menor sensibilidad olfativa, náuseas o estreñimiento que dificultan la ingesta de alimentos) o posible aumento del gasto energético, debido a los temblores.

En consecuencia, algunos aspectos a tener en cuenta relacionados con la nutrición son:

  • Realizar comidas frecuentes y poco abundantes.
  • Ofrecer al paciente la máxima variedad de alimentos, según su preferencia.
  • Cuidar la presentación de los platos, los que deben ser llamativos en colores y formas. Se aconseja cortar los alimentos en pequeños trozos o triturarlos. A su vez, deben ser de texturas suaves y homogéneas.
  • Asegurar una alta ingesta de proteínas, tanto de origen animal como vegetal (carnes, pescado, huevos, leche, legumbres).
  • Incrementar el aporte de grasas insaturadas y poliinsaturadas (aceites de oliva, girasol, soja) y disminuir las saturadas (grasas animales).
  • Introducir alimentos con fibra, para prevenir el estreñimiento.
  • Asegurar la ingesta de lácteos por su elevado contenido de proteínas, calcio y vitamina D.
  • Incluir antioxidantes en la dieta. Son nutrientes que ayudan a ralentizar o prevenir los daños al organismo.
  • Es fundamental el consumo diario de vegetales.
  • Evitar quesos de consistencia pastosa y/o dura, las carnes fibrosas de difícil masticación, los frutos secos enteros y los dulces que se adhieran al paladar.
  • Beber como mínimo un litro y medio de agua y líquidos, diariamente

Otras recomendaciones

Además de la nutrición, la familia del paciente deberá tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Adecuar la casa y eliminar aquellos obstáculos que puedan interferir en la movilidad del paciente.
  • Convencerlo de mantener algunas de sus actividades sociales con amigos, vecinos o familiares para distraerse y sentirse acompañado.
  • Salir a pasear, diariamente, en horas tranquilas y lugares conocidos.
  • Simplificar la tarea de vestirse; usar prendas y zapatos fáciles de colocar y abrochar, (como el velcro).
  • Es importante que las familias participen en las actividades para afrontar la enfermedad de una mejor manera.

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