En los aeropuertos la gente manifiesta diversas actitudes: unos se dirigen al bar a tomar una copa, otros consumen medicamentos para calmar la ansiedad, mientras un grupo opta por quedarse sentado y respirar profundamente para que el viaje, que aún no comenzó, termine de una vez. Estas sensaciones forman parte de lo que se denomina “aerofobia” o miedo a volar.

A veces se manifiesta como una fobia por sí misma o como resultado de una o más fobias (como la claustrofobia, el miedo a los espacios cerrados; acrofobia, el miedo irracional e irreprimible a las alturas, o agorafobia, el miedo a tener ataques de pánico en lugares de donde no se puede escapar).

Qué es la aerofobia

Como consecuencia de esta fobia, miles de personas evitan trasladarse en avión y, en  algunos casos, pierden la oportunidad de conseguir un mejor trabajo, conocer lugares increíbles, seguir al amor de su vida o encontrarse con familiares lejanos. 

Generalmente este miedo se desarrolla mayoritariamente por malas experiencias en vuelos anteriores, que se reactivan cada vez que se sube a un avión, información sobre accidentes o antecedentes de miedo en familiares cercanos. También el estrés, la angustia, la ansiedad o ciertas crisis vitales, suelen estar asociados, dado que aumentan la vulnerabilidad a los miedos en general.

Quienes padecen esta fobia, en general, son personas con un nivel intelectual medio-alto, con una imaginación enorme, perfeccionistas, con tendencia a los pensamientos negativos, que necesitan controlar todo lo que los rodea, y reticentes a delegar responsabilidades.

No obstante, el miedo a volar es irracional, no tiene un motivo lógico y puede padecerlo cualquier individuo. Entre los síntomas que alertan sobre la presencia de esta fobia se encuentran: tensión muscular, sudoración, pulso acelerado, ansiedad o dificultad para tragar y respirar.

Estas señales no sólo se producen durante el transcurso de un vuelo, sino que frecuentemente aparecen unos días antes del viaje. Del mismo modo, los pasajeros adoptan diversos comportamientos como: evitar conversaciones, nula concentración para la lectura, inapetencia e insomnio. 

Cabe destacar que el grado de temor por viajar en avión no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Mientras unas se ponen un poco nerviosas en el momento de despegar, otras sufren verdadero pavor, no sólo durante el vuelo, sino en los días previos y, en casos más severos, aquellas que directamente rechazan tomar un avión para evitar ese sufrimiento.

Quienes padecen esta fobia generalmente creen que:

  • “El avión perderá el control y se caerá”.
  • “Una turbulencia hará que el avión se caiga”.
  • “La tripulación es incompetente”.
  • “El avión no tiene el mantenimiento adecuado”.
  • “Si ocurre un accidente, moriremos todos”.
  • “No soportaré tantas horas encerrado”.

Lo que debes saber sobre los aviones

Las probabilidades de morir en un accidente aéreo son de aproximadamente una en un millón.

  • Existe una posibilidad 90 veces mayor de morir en un accidente de automóvil que en un choque aéreo.
  • Los aviones pasan por una gran cantidad de procedimientos de reparación y mantenimiento. Por cada hora de vuelo que tiene un avión, se somete a 11 horas de revisión técnica.
  • Los pilotos y controladores aéreos son profesionales altamente cualificados que se encuentran en perfectas condiciones físicas y psicológicas, y realizan exámenes periódicos.
  • Los motores a reacción son mucho más simples que los motores de los coches.
  • La turbulencia se produce cuando un avión vuela de un área de baja presión a una de alta presión. Una turbulencia nunca ha derribado un avión comercial y el 99% de las personas que resulta herida se debe a que no usó cinturones de seguridad o porque el equipaje de la parte superior se le cayó encima.
  • La realidad es que los peligros que producen miedo y los peligros que matan, son muy diferentes.

Consejos para volar sin miedo

Lo principal es que aceptes lo que te ocurre y pidas ayuda de un profesional, el sabrá como ayudarte y que pautas darte para que puedas superar tu miedo a volar lo más tempranamente posible.

  • No acumular información: la búsqueda de datos sobre la seguridad de este medio de transporte nunca es suficiente, y proporciona sólo un alivio momentáneo. No sirve confrontar de forma racional un problema basado en algo irracional como una fobia.
  • Prepararse previamente: se aconseja organizar el equipaje algunos días antes, tener la documentación en una carpeta localizada, salir con suficiente antelación hacia el aeropuerto y vivir con calma el momento del vuelo.
  • Tomar un curso breve, dictado por reconocidos profesionales para conocer el funcionamiento de un avión.
  • Entrenarse con ejercicios para controlar la ansiedad, como yoga, meditación o técnicas de relajación.
  • Tratar la ansiedad con un profesional de la salud. El tratamiento más recomendado es el psicológico, concretamente la terapia cognitivo conductual.
  • Quienes son sensibles a los accidentes aéreos, no deberán ver imágenes de accidentes aéreo

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