La transpiración es una función esencial de la piel, que supone la liberación de líquidos ricos en sales, por parte de las glándulas sudoríparas. Esta función es clave, dado que sirve fundamentalmente para favorecer la termorregulación, es decir, para mantener constante la temperatura corporal a 37ºC.

El cuerpo humano cuenta con aproximadamente entre 2 y 4 millones de glándulas sudoríparas que se activan en la pubertad; se encuentran en casi todo el cuerpo, con mayor concentración en las palmas de las manos, plantas de los pies, rostro, las ingles y axilas.

Por ende, cuando el cuerpo necesita liberar calor se produce la transpiración y el refrescamiento de la piel por evaporación. Por este motivo se suda cuando se siente calor, durante el ejercicio físico o en situaciones de tensión (en la cual la descarga nerviosa aumenta la temperatura corporal).

Sin embargo, hay casos en los de hiperhidrosis la transpiración resulta excesiva. La misma se localiza en las manos y pies, axilas y cara. Es una condición sumamente molesta y limitante, que interfiere en la vida social y profesional. Es de carácter genético en más de la mitad de los casos y se cree que responde a una sobre-estimulación de las glándulas sudoríparas por parte del nervio simpático.

Acerca de la hiperhidrosis

Como se adelantó en el párrafo anterior, varios estudios determinaron que la hiperhidrosis se produce por un sobre-estímulo del sistema simpático, paralelo a la columna vertebral, dentro del tórax, independiente de la temperatura ambiental.

En sus formas más severas puede provocar hongos, descamación, mal olor, irritación y pigmentación de la piel. Asimismo, se cree que podría ser hereditaria y su aparición resulta más común en la infancia o adolescencia.

La hiperhidrosis puede afectar a toda la superficie de la piel, pero por lo general se limita a las palmas de las manos, las plantas de los pies, las axilas o las ingles.

La zona suele presentarse rosada o blanco-azulada, y en los casos graves puede tener fisuras, descamarse y ablandarse, especialmente en los pies. A veces el área desprende un olor fétido (bromidrosis), causado por bacterias y levaduras que descomponen el sudor y la piel mojada.

Las manos y los pies sudorosos son una respuesta normal a la ansiedad y también es habitual que una persona sude mucho cuando tiene fiebre. Sin embargo, una sudoración frecuente y abundante en todo el cuerpo requiere atención médica, porque puede ser signo de hiperactividad de la tiroides, una baja concentración de glucosa en sangre o una alteración en el sistema nervioso que controla esta parte.

Tipos

La hiperhidrosis orgánica puede ser:

Primaria: generalmente se inicia en la infancia o pubertad y dura toda la vida.

Secundaria: puede comenzar en cualquier etapa de la vida, y se debe a trastornos de la glándula tiroidea o pituitaria, infecciones, diabetes mellitus, tumores, menopausia, ingesta de fármacos, desórdenes hormonales, problemas de peso y enfermedades psicóticas.

Por su parte, la hiperhidrosis no orgánica se origina cuando la persona está en situaciones de importante carga emocional, como nerviosismo, estrés o vergüenza.

Cómo se manifesta

  • Hiperhidrosis palmar: cuando se produce una excesiva sudoración en las palmas, lo cual provoca incomodidad fisiológica en la vida social y laboral de quien la padece. Incluso limita la manipulación de papeles, lápices, botones, herramientas o de cualquier objeto.
  • Hiperhidrosis plantar: se manifiesta en las plantas de los pies y se caracteriza por la sensación permanente de humedad, que desencadena problemas médicos secundarios significativos, como pie de atleta, incluso síntomas de comezón, descamación y mal olor.
  • Hiperhidrosis axilar: se localiza en los pliegues de los brazos y el tronco del cuerpo, que generalmente ocasiona problemas de irritación y mal olor. Las manchas en la ropa y el mal olor son las manifestaciones que más alteran la vida social de quien la padece.
  • Hiperhidrosis facial: es particularmente molesta, y tan evidente que puede alterar la autoestima de quien la sufre.

¿Cómo detectarla?

Además de los signos visibles de sudoración, existen diversas pruebas para diagnosticar la hiperhidrosis:

  • Prueba de sudor: se aplica una solución de yodo en la zona que presenta sudoración. Después de secarse, se esparce almidón. La combinación de yodo y almidón hace que cualquier parte que presente exceso de sudor se torne de color azul oscuro.
  • Prueba del papel: consiste en colocar un papel especial para absorber el sudor, en la zona afectada, y luego se pesa. Cuanto más peso tenga, mayor cantidad de sudor se habrá absorbido.

Tratamientos disponibles

Existen varios tratamientos para aliviar la hiperhidrosis. La primera medida que utilizan los pacientes de esta afección es utilizar antitranspirantes que bloquean la salida de sudor de las glándulas que lo producen. Lamentablemente esta solución les resulta pocas veces efectiva.

Otra medida disponible es la aplicación de toxina botulínica tipo A, de manera local. Se inyecta en la zona, y disminuye la sudoración, ya que bloquea los mensajeros químicos que median la sudoración en la piel. Si bien también es efectiva en secar las zonas en las que se aplica, sus efectos no son duraderos y resulta necesario repetir las aplicaciones.

Asimismo, existen medicamentos que disminuyen la sudoración excesiva. Cuando se ingieren actúan sobre las glándulas de todo el cuerpo y reducen la producción de sudor. Sin embargo su utilización prolongada se asocia a numerosos efectos adversos.

No obstante, los especialistas aseguran que la cirugía es una alternativa válida, dado que termina con la sudoración de manera definitiva en más del 95% de los casos.

El procedimiento se efectúa mediante la asistencia de videotorascoscopía (VATS). Bajo anestesia general se realizan dos pequeñas incisiones a la altura de la axila, a través de las cuales se coloca una cámara especialmente diseñada para observar dentro del tórax.

Con esta cámara se buscan los nervios que salen de la columna vertebral y llevan los impulsos nerviosos a las glándulas sudoríparas. Para acceder a estos nervios se colapsa el pulmón. Una vez identificados, estos nervios se cortan en lugares específicos con el fin de detener la sudoración de manera permanente.

Concluido el procedimiento de un lado del tórax, se re-insufla el pulmón y se realiza del otro lado. Habitualmente no es necesario colocar un drenaje y se despierta al paciente al término de la cirugía. Con una radiografía de tórax se comprueba la correcta expansión pulmonar y se traslada al paciente a su habitación.

A las pocas horas se reanuda la dieta por boca y se suspende la hidratación endovenosa. De ser necesario, se utilizan analgésicos por boca.

La recuperación continúa en la casa del paciente y no existen contraindicaciones médicas para retomar las actividades habituales una vez que el dolor haya cedido.

El efecto adverso más común de esta cirugía es la sudoración compensadora, que consiste en la transpiración en otra parte del cuerpo una vez eliminada del lugar que originó la consulta del paciente.

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